EL TEMPLO DE EDFÚ EN EL ALTO EGIPTO

El templo de Horus en Edfú está construido sobre las ruinas del templo de Tutmosis III (1350 a.C. ). En las paredes del templo hay inscripciones que dan cuenta de numerosos detalles sobre su construcción. Se empezó la obra el año 237 a.C. con el faraón Ptolomeo III Evergetes. La parte interior se terminó el año 212 a.C., con el faraón Ptolomeo IV Filopátor. y fue decorada hacia el año 142 a.C. con el faraón Ptolomeo VIII Evergetes II. La sala hipóstila exterior se construyó por separado, quedando acabada en el año 124 a.C. La finalización completa de las obras se produjo en el año 57 a.C., con el faraón PtolomeoXII Neo Dioniso.

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Es uno de los cuatro templos en los que se desarrolló la leyenda de Isis y Osiris, tres de los cuales fueron reconstruidos por los ptolomeos: el de Horus en Edfu, el de Isis en Filé y el de Hathor en Dendera.

El culto a Horus es uno de los mas antiguos y complejos de la religión del Egipto antiguo: dios del cielo, estaba especialmente asociado a la legitimación monárquica y a la dualidad del cosmos.

LA ESCALERA OESTE DEL TEMPLO DE EDFÚ

La escalera oeste del templo de Edfú está construida con grandes bloques de piedra. Es recta, larga y estrecha, descendiendo desde la terraza superior del edifico hasta la sala de las ofrendas. Tiene un poco más de un metro de anchura y algo menos de dos metros y medio de altura.

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Sus dos paredes laterales están completamente decoradas, desde el suelo hasta el techo, con la escena de la procesión que, ascendiendo por la escalera este y descendiendo por la oeste, trasladaba al dios Horus (el halcón) desde su oscura cámara central hasta la luz del sol en la terraza, para regresar después a su altar. En la parte más baja de la escalera está dibujado y grabado en la piedra el comienzo del desfile procesional con las figuras de los sacerdotes portando los estandartes o insignias. Después, aparecerán el faraón y la reina, los músicos, los sacerdotes con ofrendas, el anda o trono con la figura del dios, los otros dioses, y así hasta completar todo el solmene cortejo.

LOS TREINTA Y UN SACERDOTES PORTAINSIGNIAS

Las figuras de los treinta y un sacerdotes portainsignias, quince en la pared oeste y dieciséis en la pared este, de la escalera tiene un tamaño ligeramente más pequeño que el natural, aproximadamente unos ciento treinta y cuatro centímetros de altura. Por encima de las cabezas de los sacerdotes están las insignias, representando tanto a divinidades como a “nomos” o provincias del antiguo Egipto: el buey, el halcón, la placenta real, la serpiente coronada, etc. Abundantes textos jeroglíficos se intercalan entre las figuras de los sacerdotes. Estas presentan todas la misma e idéntica configuración. La cabeza, en riguroso perfil, mira hacia la parte inferior de la escalera. Los hombros y el pecho están de frente. Están vestidos con una estola y una falda, sutilmente señalada, por una fina línea de contorno. Los brazos están desnudos, el derecho doblado por delante del pecho y el izquierdo extendido hacia abajo, sostienen el mástil del estandarte. Los pies, ambos de perfil, están calzados con sandalias.

La principal diferencia en las figuras de los sacerdotes portainsignias, además de su desigual deterioro, radica en las sutiles diferencias de proporciones y dibujo del perfil de cada cabeza. Cada cabeza está lo suficientemente individualizada como para sugerir un retrato.

LOS DIBUJOS DE LOS PORTAINSIGNIAS

captura-de-pantalla-2013-02-10-a-las-20-27-35Con nuestros dibujos nos hemos propuesto dos objetivos fundamentales: el primero, dibujar del natural las imágenes de los sacerdotes portainsignias con un sentido documental y analítico, como suele ser propio del trabajo de campo en las investigaciones en ciencias naturales y en ciencias humanas y sociales; el segundo, interpretar y recrear esas imágenes asociándolas con otras imágenes y conceptos visuales propios de la cultura visual del siglo XXI. La observación minuciosa a la que obliga dibujar del natural cada una de las figuras humanas y muy especialmente las cabezas, favorecen el descubrimiento de la singular expresividad y el especial naturalismo de los rostros de estos personajes. Dibujar y pintar a partir de las figuras de los portainsignias permite seguir avanzando en la representación de la figura humana y sobre todo logra conformar, a través de la creación artística contemporánea, la herencia cultural del pasado como un elemento dinámico para las identidades sociales actuales.